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En honor a Salvador Allende.

En honor a Salvador Allende.

Nuestro 11 de septiembre .*
de José Merino del Río

Hace 38 años los militares dieron el golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende.

A sangre y fuego acabaron con la vida de Allende y de miles de mujeres y hombres del pueblo chileno.

Asesinaron también un sueño, una esperanza latinoamericana con los ojos puestos en el proyecto chileno, que por primera vez abría el camino para construir el socialismo por la vía democrática. Un ejemplo que el imperialismo y las feroces oligarquías latinoamericanas no podían dejar prosperar, pues agrietaba la arquitectura de la guerra fría cimentada en una imagen criminal del enemigo a derrotar, labrada sobre el mito de la defensa de la libertad y de la democracia. Socialismo y democracia no podían marchar juntos, por el potencial subversivo que la misma idea encerraba.

Había que terminar con “ese hijo de puta de Allende”, como le dijo el presidente Nixon a su entonces secretario de Estado, Henry Kissinger.

Lo sabíamos entonces, y hoy forma parte de una historia confirmada. El gobierno de los Estados Unidos orquestó el golpe de Estado y se convirtió en guía y soporte de la dictadura fascista de Augusto Pinochet. Seguramente nunca habrá Corte Penal Internacional para juzgar este crimen de lesa humanidad.

El golpe criminal en Chile no sólo significó muerte, cárcel, tortura y exilio para cientos de miles de chilenos y chilenas. Se erigió también en macabro experimento para aplicarlo en otros países de América y del mundo. Los llamados “estados de seguridad nacional” que declararon una cruenta guerra a nuestros pueblos latinoamericanos, que sembraron nuestra tierra de cadáveres, desaparecidos, miles y miles de vidas rotas para siempre.

Y sobre los muertos y los campos de internamiento, y sobre los gritos de los perseguidos y torturados, es que se levantó también la primera experiencia, dijeron que exitosa, del neoliberalismo en América Latina. Ilustres criminales académicos de la Universidad de Chicago, experimentaron con el pueblo de Chile las nuevas estrategias del despojo, de las privatizaciones, liberalizaciones, desregulaciones, del robo de derechos y de patrimonios nacionales.

Ese 11 de septiembre de 1973, seguramente ni siquiera será mencionado, menos evocado y lamentado, por las grandes cadenas de la dictadura mediática, con sus lentes exclusivamente enfocados en otro 11 de septiembre, también con sus muertos inocentes y su horror, que abrió el ciclo de la guerra infinita, como la llamó el ex presidente Bush.

Frente a la estrategia del olvido, nos toca a nosotros recordar nuestro 11 de septiembre.

Honrar la memoria de Salvador Allende y de todas las compañeras y compañeros caídos.

Desde La Moneda en llamas, a pocas horas de la muerte que sabía tan inevitable como cercana, las últimas palabras de Allende nos siguen llenando de emoción y nos dicen que no hay causa que se pierda, mientras haya hombres y mujeres que no la abandonen .

“Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.”
Gracias, presidente Allende.

* Escrito en setiembre del 2012 #MerinoVive

COMO HACE YA UNOS AÑOS AQUÍ ESTÁ NUEVAMENTE LA POESÍA EN ZAFARRANCHO DE COMBATE, TOMANDO POSICIONES PARA EL ASALTO.

ALLENDE

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar más para seguir matando
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa
una armada una hueste una brigada
tuvieron que creer que era otro ejército
pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
y tenía en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios más tanques más rencores
más bombas más aviones más oprobios
porque el hombre del paz era una fortaleza

para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte
matar y matar más para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.

Mario Benedetti

Al presidente de Chile, Salvador Allende

No los creáis, cubría
su rostro la misma máscara.
La lealtad en la boca,
pero en la mano una bala.
Al fin, los mismos en Chile
que en España.

Todo acabó. Más la muerte,

la muerte no acaba nada.

¡Mirad! Han matado a un hombre.

Ciega la mano que mata.
Cayó ayer. Pero su sangre,
hoy ya mismo se levanta.

Rafael Alberti
Roma, 13 de septiembre de 1973

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