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EN EL 51 ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DE ABRIL 1965

EN EL 51 ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DE ABRIL 1965

ministroEs preciso recordar y emular el ejemplo de los patriotas que ofrendaron sus vidas en el empeño por el regreso del orden constitucional y de su representante, ante quienes mancillaron sus banderas por la fuerza y la ignominia”, Miguel Mejía, secretario general.

El 24 de abril de 1965 es la fecha patriótica que significa para el pueblo dominicano la memoria histórica,  siempre presente,  de uno de los hechos más relevantes en la lucha por la defensa de su soberanía. La razón esencial de la Guerra de Abril iniciada por un grupo de militares dominicanos constitucionalistas fue restaurar el gobierno el Profesor Juan Bosch depuesto del poder a los siete meses de haber ganado las elecciones populares y democráticas el 20 de diciembre de 1963, constituyéndose en el primer presidente democráticamente electo luego de más de 30 años de oprobiosa dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina y sus lacayos.

Con la toma de posesión del Profesor Bosch se cerraba un agitado proceso de transición que comenzó el 30 de mayo de 1961 con el ajusticiamiento del tirano Trujillo, pasando por el gobierno del doctor Joaquín Balaguer, por la administración del Consejo de Estado, y culmina con la convocatoria a una Asamblea Constituyente, de la cual surgió la Constitución de 1963, y aquellas  elecciones presidenciales.

Bosch,  y el otrora PRD de aquel entonces,  luchador anti trujillista que enarbolaba las banderas de los principios y la justicia social, tuvo que lidiar con el analfabetismo dominante en la población,  la inercia mental de tantos años de terror y adoctrinamiento trujillista, con la división fomentada entre las fuerzas revolucionarias por la oligarquía nacional y la administración norteamericana, con los remanentes reaccionarios y golpistas bajo la sombra de  las Fuerzas Armadas y los organismos de Seguridad, con la corrupción utilizada como herramienta de control y dominio; así como una intrigante campaña de ciertos sectores de la Iglesia, justificándose en un anticomunismo sin sentido.

Es, sin dudas, un ejemplo histórico estimulante, el haber logrado, en solo siete meses,  afrontar tantos escollos, sin la vanguardia de un partido organizado y en medio de la represión y las campañas difamatorias, lo que demuestra que sólo mediante la movilización y la formación de conciencia ciudadana un proyecto político puede fortalecerse y tornarse arrollador e invencible.

Bosch dotó al Estado Dominicano de la más avanzada constitución y con ello se proponía desarrollar un gobierno de amplia base popular y democrática, lo cual originó un proceso de conspiración en su contra,  de la oligarquía criolla y extranjera,  que asestó el golpe de Estado cívico militar el 25 de septiembre de 1963, dirigido por el entonces coronel E.N. Elías Wessín y Wessín, en lo militar; y en lo político, por el presidente de la Unión Cívica Nacional, Viriato Fiallo.

Consumado el golpe, un grupo de militares que trató de oponerse,  organizaron la ofensiva para la vuelta a la constitucionalidad, destacándose el Tte. Coronel  Rafael Tomás Fernández Domínguez, el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, entre otros hombres y mujeres valientes,  que lucharon para derrocar al gobierno ilegítimo del Triunvirato y enfrentar la invasión norteamericana, so pretexto de “salvar vidas”. El pueblo salió a las calles para defender con gallardía su voluntad popular expresada en las urnas.

La revuelta cívico-militar se desarrollo en los días sucesivos entre conspiración, persecución, represión, invasión, exilio, desapariciones físicas, asesinatos, enfrentamientos armados y resistencia popular, hasta que el coronel Caamaño tomó el control político y militar del movimiento y es nombrado presidente constitucional por el profesor Juan Bosch y el congreso, el 3 de mayo del mismo año, cargo que desempeñó hasta el 3 de septiembre, al ser firmados los acuerdos para poner fin a la revuelta militar.

Hoy, como ayer, nuestro pueblo sigue erguido con la bandera en alto, listo para defender su histórica lucha por la democracia que vivimos, , aun en desarrollo, y  capaz  de no ceder un ápice de su derecho a su independencia y soberanía, pese a que actitudes y acciones injerencistas no faltan siempre a la luz del día.

Ayer, se trataba de una victoria popular: la de la esperanza y la fe en un futuro mejor. Esa esperanza y esa fe fueron las que Bosch encarnó junto al pueblo y con ellas, como banderas, llegó a la Presidencia de la República. Hoy también se busca esa victoria popular, al conmemorar este 51 aniversario de la Guerra Patria, en el marco de un proceso electoral que habrá de culminar el 15 de mayo próximo.

De nada valieron los ataques de la oligarquía agrupada en la Unión Cívica Nacional, ni las maniobras injerencistas del embajador norteamericano, John Bartlow Martin, que no titubeó en espiar, dividir, sobornar, chantajear, amenazar y difamar a las fuerzas más progresistas  y revolucionarias del momento, en cumplimiento de la tarea estratégica encomendada por el presidente Kennedy: evitar, por todos los medios posibles, que República Dominicana se convirtiera en una segunda Cuba. La victoria de Bosch no pudo ser evitada, como tampoco Bosch pudo ser amaestrado ni amedrentado, como se esperaba.

En el mismo discurso de toma de posesión, el Presidente electo por la voluntad popular, no titubeó en declarar que los pueblos de América Latina “…quieren actuar juntos en defensa de sus libertades democráticas, pero al mismo tiempo tienen un vivo sentimiento de orgullo por el legado de soberanía nacional que recibieron de sus fundadores”.

Un líder popular, como el presidente Bosch,  en siete meses de ejemplar conducción del país, que empezaba su mandato hablando  de justicia social, soberanía, democracia, libertades, alfabetización y extensión de la educación y la salud, acabar con la corrupción, desarrollo para todos, respeto a las leyes y la Constitución, igualdad y paz, no podía ser bien visto, ni tolerado por las fuerzas retrógradas a cuyos intereses afectaba;  ese mismo  que en su toma de posesión dijo“…mientras gobernemos, en República Dominicana no perecerá la libertad”, fue derrocado por un golpe de Estado.

Es la historia que parece repetirse en América Latina, casos actuales de Venezuela y en Brasil, respectivamente,  donde esos mismos sectores hegemónicos e injerencistas se empeñan en destruir democracias; están aplicando el Plan del “golpe blando”, para procurar detener el avance y desarrollo de pueblos que han tenido quien escuche su clamor por garantías de un mejor futuro.

La lucha por la felicidad del pueblo dominicano y de todos los pueblos por la misma causa,  aún está en marcha, sin descanso,  sustentadas en la lucha y sacrificio de nuestros próceres, héroes y mártires. En Rafael Tomás Fernández Domínguez, en el coronel Caamaño y sus compañeros, tenemos la fuerza y motivación para esa lucha. VIVA SU EJEMPLO IMPERECEDERO!

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