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CAYO CONFITES Y TRUJILLO: LA EXPEDICIÓN QUE NO LLEGÓ

CAYO CONFITES Y TRUJILLO: LA EXPEDICIÓN QUE NO LLEGÓ

La idea de producir la caída del régimen de Trujillo mediante el desembarco de fuerzas revolucionarias, debidamente armadas y entrenadas en el exterior, estuvo tan arraigada en la mentalidad de diversas generaciones de líderes opositores, que vino a acompañar al régimen durante toda su dilatada duración. La historia demostró que tenía escasas oportunidades de triunfar, y que por el contrario, varios de los intentos realizados, con excepción del último, el del 14 de junio de 1959, solo consiguieron fortalecerlo.

A la luz de los acontecimientos, cualquier análisis sobre el significado y alcance del intento expedicionario de Cayo Confites, que tuvo lugar en el verano de 1947, deberá recorrer el camino de la autocrítica. Es cierto que en este proyecto, como en otros anteriores y posteriores, hubo una elevada dosis de idealismo y pasión revolucionaria, pero también de ingenuidad, desconocimiento de la realidad nacional, pésimas estrategias militares y afanes protagónicos. Las indiscreciones flagrantes de los líderes expedicionarios hicieron casi innecesario el trabajo de inteligencia de los aparatos que se oponían, por definición, a todo movimiento incontrolado en el Caribe, especialmente los trujillistas y los del gobierno de los Estados Unidos.

No es exagerado admitir que lo mejor que pudo suceder, al cabo de tan errática planeación de la expedición, y después de tan caótica concentración de elementos dispares entre sí, como los que se dieron cita en Cayo Confites, fue que no haya zarpado hacia su destino.

¿Hasta qué punto la idea del desembarco, que yacía en el origen mismo del proyecto Confites, era el fruto de un espejismo basado en prácticas exitosas anteriores, en sitios y en épocas que nada tenían que ver con la República Dominicana que se hallaba en el año 17 de una férrea dictadura, y de un planteo táctico que desconocía los cambios sociales impuestos por la dictadura mediante el fomento del clientelismo, la propaganda y el terror?

¿Tuvo la expedición de Cayo Confites oportunidades de haber triunfado?

ANTECEDENTES:

Desde su llegada a la Presidencia, en agosto de 1930, Trujillo se dedicó a cerrar a cal y canto cualquier resquicio por donde pudiese penetrar el germen de las revoluciones. Experto en control y en golpes preventivos, alumno aventajado de la primera graduación de la Escuela del Constabulary de Haina, organizada por el Marine Corp, vertebró un ejército disciplinado y leal a su persona, creó una red de inteligencia, dentro y fuera del país, de asombrosa eficacia para la época, selló las fronteras, desarmó a la población, asesinó, despiadadamente, a los viejos generales que no se le plegaron, unificó por el soborno o el terror a todos los partidos políticos, puso a sus órdenes a lo mejor de la intelectualidad nacional, estableció alianzas represivas con los regímenes de Machado, Juan Vicente Gómez, Batista, Pérez Jiménez, Franco y Rojas Pinilla, desplegó una inmensa maquinaria propagandística que lo endiosó a los ojos de su pueblo, y mantuvo cordialísimas relaciones con diferentes gobiernos norteamericanos, que le brindaron un apoyo incondicional. Con semejantes cartas en la manga, el régimen de Trujillo constituyó un tipo especial de dictadura, un régimen al que no se podía combatir apelando a herramientas anticuadas, y que no tenía similar en la región. En este detalle podríamos hallar algunas respuestas cuando nos preguntemos por su larga duración y lo imposible que resultó vencerlo, a partir de un esfuerzo exterior.

La primera oleada de opositores a Trujillo fue la de elementos vinculados al Horacismo, como Ángel Morales y Federico Velazquez, o desplazados de su gobierno inicial, como Rafael Estrella Ureña. También incluyó a elementos más heterogéneos, como Alexis Liz, Carlos Daniel, Fabio Fiallo, José Dolores Alfonseca, Federico Ellis y Valentín Tejada. Estos núcleos conspirativos, seguidores de las gastadas tácticas políticas nacionales y representantes de élites de poder que sólo consideraban al pueblo como a un decorado de fondo para sus planes, basaron sus estrategias de lucha en dos elementos centrales: la propaganda y el cabildeo en Washington y New York, especialmente estimulados por la benévola acogida de Sumner Welles , y los ampulosos preparativos bélicos de desembarco, utilizando fondos provenientes de empresas norteamericanas, y de otros aliados circunstanciales.

Como la Historia demostraría, ambos enfoques de aquella oposición inicial resultarían ineficaces, ante la forma de luchar contra sus enemigos de Trujillo.

Los puntos escogidos para preparar aquellas expediciones iniciales fueron Haití, Puerto Rico, Cuba, New York, y en menor medida Curazao y Jamaica. En el caso cubano, los principales núcleos conspiradores se asentaron en Santiago de Cuba, Guantánamo, Baracoa y La Habana, pero no prosperaron por la falta de recursos, y especialmente, por la represión y el control que sobre ellos ejercía la dictadura de Machado, a solicitud expresa de Trujillo. Aquel “Acuerdo Verbal Secreto”, mediante el cual quedó constituida, de hecho, una especie de Transnacional de la Mano Dura, se estuvo negociando durante 1932 y parte de 1933. En ello jugó un papel de primera importancia Osvaldo Bazil, por entonces Ministro dominicano en La Habana.

Machado actuó, con respecto a Trujillo, como una especie de hermano mayor o mentor. Nunca fue remiso a traspasarle experiencias para el fortalecimiento de su control sobre- las esferas militares y de seguridad, diplomática y política. Le pidió ayuda a su par dominicano para interceptar el buque “Ilse Vermaner”, que desde New York trasladó a los 40 expedicionario del desembarco de Gibara, que tuvo lugar el 17 de agosto de 1931, y entre cuyos dirigentes estaban el comandante Agostini y el teniente Feliciano Maderne. Ambos tendrían destacado papel en los preparativos de las expediciones del Mariel, en 1934 y Cayo Confites, en 1947.

Gibara aterró a los dictadores del Caribe y les demostró que bastaba un puñado de hombres armados y decididos para desembarcar, y crear una situación comprometida, al interior de cada país. Si los expedicionarios lograban contactar con otras fuerzas revolucionarias clandestinas, los regímenes represivos podrán sufrir serios perjuicios, por lo que la lección aprendida fue: la mejor forma de luchar contra un desembarco era abortándolo antes de que los expedicionarios pudiesen pisar las costas. En ese sentido debe entenderse la carta remitida por Bazil a Trujillo, del 7 de marzo de 1932, anexándole recortes de “El Heraldo de Cuba” que examinaba todo lo sucedido alrededor del desembarco de Gibara, y sus denodados esfuerzos, en carta del 9 de agosto de 1931, cuando aún no había presentado sus Cartas Credenciales, intentando vincular a los expedicionarios de Gibara con Ángel Morales, en New York.

Mientras Machado estuvo en el poder, los exiliados dominicanos poco pudieron hacer para preparar, desde Cuba, ninguna acción contra Trujillo. Incluso, la publicación de artículos criticándolo podría acarrear penas de prisión en la isla. Después del 12 de agosto de 1933, fecha en que una huelga general, y la sostenida lucha del pueblo cubano, lograron el derrocamiento de Machado, y su fuga hacia Nassau, el panorama cambiaría radicalmente. De hecho, se crearían las condiciones para comenzar a preparar, con revolucionarios cubanos y dominicanos, la primera expedición firme contra Trujillo, la conocida como expedición del Mariel, en 1934.

Los preparativos comenzaron con el arribo a Cuba del grupo de Estrella Ureña, inmediatamente después de la partida de Machado. Este arribó a La Habana el 21 de agosto de 1933, animado por antiguos exiliados cubanos que regresaban a ocupar importantes puestos gubernamentales, y que también enfilaban su acción contra la otra dictadura, geográficamente próxima. No se trataba de un grupo unido. Tampoco intentaba derrocar a Trujillo respetando normas de pulcritud política: apostaba a la acción militar de grupos, no del pueblo, y basaban su estrategia en el cabildeo en los Estados Unidos y el dinero para la conspiración que aportaban empresas yanquis, deseosas de contratos y prebendas, en caso de éxito.

Lo interesante de este caso fue el apoyo brindado, en cuerpo y alma, por elementos revolucionarios cubanos, incluso de altas autoridades del momento, vinculados con el Gobierno de los Cien Días, conocido como Grau-Guiteras- Batista. Las cartas enviadas desde La Habana por Ángel Morales a Federico Velázquez, demuestran que figuras como Antonio Guiteras, Ministro revolucionario de Gobernación, y el coronel Batista, Jefe del Ejército, por aquella época, con disfraz revolucionario, fueron los encargados de apoyar aquel intento.

Por su parte, y mientras los expedicionarios cubanos y dominicanos se entrenaban en la Escuela de la Marina del Mariel, Trujillo no estaba cruzado de brazos. El 4 de octubre de 1933, en la Gaceta Oficial, se publicaba el texto de la ley aprobada por el Congreso Nacional declarando “traidores a la Patria” a Estrella Ureña y su grupo, y amenazando al gobierno de cualquier país que les brindase ayuda en sus planes. Por si fuese poco, se encomendó a los diplomáticos trujillistas de La Habana y Santiago de Cuba el mantener una estrecha vigilancia sobre los expedicionarios. Tulio M. Cestero, Ministro dominicano al frente de la Legación, presentó ante el gobierno de Mendieta, que sustituyó al de Grau, derrocado en enero bajo amenazas de golpe de Batista, la solicitud formal de extradición de los líderes del grupo expedicionario, “por malversación de caudales públicos”.

El Servicio de Inteligencia Militar del Ejército, a pesar de las manifestaciones demagógicas de Batista a Ángel Morales, comenzó a espiar los preparativos del Mariel, en coordinación con el Servicio Secreto de la Embajada norteamericana en Cuba. De estos informes, se deduce el involucramiento de la Marina de Guerra, muy cercana a Guiteras, y de oficiales cubanos, como el comandante Gómez, de la Infantería de Marina, y del comandante Santana, Jefe de la Escuela de cadetes del Morro. A los cubanos participantes, estos informes los tildaban de “elementos comunistas, auténticos, abecedearios y guiteristas”, cuyo primer paso era el derrocamiento de Trujillo, y luego el de Juan Vicente Gómez, en Venezuela.

Batista no tardaría en ser sobornado o chantajeado por Trujillo, lo cual se deduce de la manera brusca en que transitó del campo de la revolución, al de la más abierta contrarrevolución reaccionaria. Alentado también por Caffery, el nuevo embajador norteamericano en Cuba, se dedicó a perseguir a los revolucionarios cubanos y dominicanos. Guiteras crea la “Jóven Cuba” y pasó a la clandestinidad, siendo asesinado por Batista, el 8 de mayo de 1935. Nueve días después, abandonado y sin perspectivas de ayuda de parte de las nuevas autoridades cubanas, Rafael Estrella Ureña parta de regreso a New York, y se cierra el breve ciclo esperanzador que simbolizó el intento de expedición del Mariel.

Habrá que esperar doce años, y el retorno al gobierno de Ramón Grau San Martín y el partido Auténtico, para que se iniciasen los preparativos de una nueva expedición contra Trujillo: la de Cayo Confites.

CAYO CONFITES: LOS NUEVOS ACTORES, EL NUEVO CONTEXTO,

En los años que median entre la caída del gobierno de Machado y los preparativos de la expedición de Cayo Confites, la opinión pública cubana y continental, incluyendo la de Estados Unidos, fue constantemente estremecida por las revelaciones de las atrocidades de la dictadura trujillista. Un importante papel en ello jugaron los núcleos de exiliados dominicanos, asentados en diversos países de la región. Voces como la de Juan Bosch, Ángel Morales, Juan Isidro Jiménez Grullón, Juan Docudray, Leovigildo Cuello, los hermanos Mainardy, Mauricio Baez, Enrique Cotubanamá Henríquez, Pipí Hernández, y más adelante, las de Jesús de Galíndez, José Almoina, Pepe Figueres y Rómulo Betancourt, fueron conformando una especial sensibilidad de rechazo generalizado al dictador y de aliento a todos los que lo combatían. En el caso cubano, la revista “Bohemia” sostuvo, desde la caída de Machado, una campaña permanente de denuncias, lo que la hizo blanco predilecto de los ataques y planes criminales de Trujillo. A tal extremo llegó la efectividad de la campaña anti-trujillista en la prensa cubana, y en consecuencia, en el continente, pues muchos de sus órganos tenían una amplia difusión continental, que en abril de 1934 Trujillo instruyó a su Ministro en La Habana, Tulio M. Cestero, a Través del Canciller Arturo Logroño, de que en caso de no cesar los ataques contra su figura y gobierno, rompería relaciones diplomáticas con el gobierno de Mendieta, pues “…ya nuestra paciencia se ha agotado”.

También contribuyó notablemente a la condena a la dictadura trujillista y a la solidaridad nacional y continental con los revolucionarios dominicanos, la acción política de hombres como Eduardo Chibas y Juan Marinello, desde el Senado y la Cámara de Representantes, y la de diversas organizaciones estudiantiles, quienes no dejaban pasar oportunidad alguna para fustigar a Trujillo. Chibas creó y dirigió, en 1945, el Comité Pro- Democracia Dominicana, al que sumó a legisladores de diferentes tendencias. En ocasión de un viaje a México, en ese mismo año, recibió el homenaje de los exiliados dominicanos, entre los que estuvieron presentes, Juan Bosch, Valentín Tejada, Elpidio Sánchez Monzón, Augusto y Juan de la Cruz Alfonseca. En su casa habanera, Chibás reunió a miembros del Comité con altos representantes del Frente Unido de Liberación Dominicana, como Leovigildo Cuello y Juan Isidro Jiménez Grullón, y representantes de otras organizaciones, como Ramón Lara y Ángel Morales. Estos informaron sobre el movimiento clandestino anti-trujillista y los trabajos por crear un Frente Nacional de Liberación. También se consensuó el texto de un proyecto de moción de condena que sería presentado al Senado por Chibás y Emeterio Santovenia.

Con el regreso al poder, tras las elecciones de 1944 del Partido Revolucionario Cubano, Auténtico, y del Dr Ramón Grau San Martín, ocupan importantes cargos públicos, tanto en el gobierno como en la legislatura, figuras procedentes de la lucha contra Machado, la defensa de la República Española, y anteriores planes contra Trujillo, entre ellos Carlos Prio, Enrique Cotubanamá Henríquez, José Manuel Alemán, Manolo Castro, Rolando Masferrer y Eufemio Fernández. También un joven estudiante de la Facultad de Derecho nombrado Fidel Castro. Por motivos diversos y un compromiso dispar, estas personas figurarían en la primera línea de los preparativos de Confites. Junto a ellos, una abigarrada muchedumbre de hombres de acción, muchos de ellos procedentes de los grupos semi-gansteriles, que asolaban La Habana de entonces con sus tácticas de atentados personales y acciones armadas, bajo la tolerante complacencia del Presidente Grau, el Divino Galimatías. Especialmente notoria fue la presencia en Confites de representantes de los dos grupos rivales más poderosos de la época, la Unión Insurreccional Revolucionaria (UIR), de Emilio Tro, y el Movimiento Socialista Revolucionario, de Rolando Masferrer y Mario Salabarría.

Según declaró en entrevista exclusiva para “Bohemia”, en la edición del 12 de octubre de 1947, titulada “El jefe del Ejército cubano decapitó a la revolución dominicana-dice el Dr Rolando Masferrer”, “…el dolor del pueblo dominicano es el dolor de los revolucionarios cubanos, desde hace años. No olvidar que Antonio Guiteras quiso ayudarlos en 1933. Hasta 1944 no tuvimos otra oportunidad de ofrecerles otra cosa que no fuera nuestra simpatía y adhesión. Con el ascenso al poder del Dr Grau se fue perfilando la posibilidad de de una ayuda más efectiva. Los gobiernos de Venezuela y Guatemala coincidían con nosotros… Nosotros, del MSR, discutimos primero con los líderes dominicanos todas las posibilidades (del plan de invasión). Llegamos al acuerdo de que el MSR participaría en la revolución dominicana, si se nos entregaban las armas, que también serían usadas en Centroamérica contra Somoza. Dejamos constancia en un acta que suscribieron los jefes dominicanos, y por el MSR, Manolo Castro, Eufemio Fernández y yo.”

La participación directa del gobierno de Grau en los preparativos expedicionarios, siempre fue un secreto a voces. “Dio toda la que podía prestar-reconocía Masferrer-Los dominicanos se entrevistaron varias veces con el Presidente de la República. El Ministro de Educación, José Manuel Alemán, fue designado para prestar, a nombre del gobierno, toda la ayuda requerida. Manolo Castro fue escogido como contacto entre el Ministro Alemán y los dominicanos. Todo comenzó a organizarse…”

Según las declaraciones de Masferrer, el reclutamiento se inició el 15 de julio, en las oficina del MSR, en la calle 19, en el hotel San Luis, y en el parque “José Martí”. La Habana aportó 850 hombres, y las ciudades de Holguín, Guantánamo y Cienfuegos, contingentes menores. Las armas se trataron de adquirir, inicialmente en los Estados Unidos, pero se perdieron $20 mil USD en manos de gánsteres y traficantes, por lo que se enviaron dos representantes a Argentina, para pedir a Perón la venta de las mismas con el pretexto de que serían usadas para “defender a un país latinoamericano de las amenazas del imperialismo norteamericano”. Como el costo del armamento era elevado, Perón completó el dinero requerido con $300 mil de la cifra destinada a sus gastos reservados. Por otro lado, se conoce que el general Juancito Rodríguez aportó $600 mil pesos de su peculio personal para gastos de la expedición.

Según las declaraciones de Masferrer, se adquirieron 1500 fusiles, 50 ametralladoras argentinas, 10 fusiles ametralladoras, 3 morteros de 81mm, 1000 granadas de mano, un millón tiros para los fusiles y 775 mil tiros calibre .45 para las ametrallador. El armamento se llevó a “un puerto seguro de Centroamérica”, que debió ser la Costa Rica de Figueres. Nuevas gestiones en Estados Unidos permitieron la adquisición de 15 bazookas, carabinas y pistolas y algunos fusiles Springfield y Brownings. Posteriormente, las armas llegaron a Cuba. También se adquirieron aviones y buques para el desembarco.

El 10 de julio es electo el Comité Central Revolucionario Dominicano, del que formaron parte Juan Rodríguez García, Rolando Masferrer, Ángel Morales, Eufemio Fernández, Manuel Calderón, José R. Alfonseca, Enrique Cotubanama Henríquez, Gregorio García, Feliciano Maderne, Arístides Sarabia, Virgilio Mainardi , Rafael Mainardi, Alexis Liz, Luis Castillo, Manolo Castro, Luis Bordas, Cruz Alonso y Antonio Morales.

El 17 de julio se aprueba por los miembros del CCRD el Programa Mínimo y los Estatutos Constitucionales del Gobierno Revolucionario, los cuales son firmados por Morales, Jiménez Grullón, Bosch, Rodríguez y Cuello. Ese mismo día, y contando con toda la información de inteligencia en la mano, el Embajador Norweb, de los Estados Unidos preguntó al canciller cubano sobre los rumores de una expedición contra Trujillo, que estaría siendo organizada en la isla, lo que fue desmentido por este.

Entre el 19 y el 24 de julio, la Embajada norteamericana en La Habana remite a la Secretaría de Estado nuevas informaciones de inteligencia acerca de la concentración de hombres en el oriente del país, y el involucramiento en los preparativos de altos funcionarios del gobierno, entre ellos, Manolo Castro. Esto fue confirmado por el Cónsul Story, desde Santiago de Cuba.

El 25 de julio, la inteligencia norteamericana confirma que los expedicionarios disponen ya de 6 aviones, incluidos dos bombarderos Lockheed Vega Ventura, dos Cessna C-78, y dos Douglas C-47, y que se esperaba el arribo de un bombardero mayor, un B-24. Ese mismo día, dos reclutados en san Juan, Puerto Rico, desertan y revelan todo a la prensa en Miami. Esto permite al Gobierno Dominicano formular acusaciones. El Embajador en Washington denunció, el 26 de julio, que más de 3 mil hombres se habían concentrado en el Oriente cubano para llevar a cabo una inminente invasión.

Los hombres reclutados se trasladaron primero, en camiones del gobierno, a la Escuela Politécnica, de Matanzas, y luego a la de Holguín. La Marina de Guerra montó 3 cañones de 37 mm a bordo del buque “Aurora”, al servicio de los expedicionarios, y también bombas de aviación y material bélico que sería capturado luego por el Ejército, en la finca “América”, de Alemán. Este fue el resultado de una reunión sostenida entre Masferrer , el Comodoro José Águila Ruíz y el comandante Gajate. Masferrer reconoció que en el Mariel, bajo custodia de la Marina, se encontraban 6 cazas P-38, 3 bombarderos y dos lanchas PT de desembarco, y que el Comodoro Águila les suministraba regularmente datos de información de inteligencia sobre los movimientos de la Marina trujillista.

Masferrer declaró que la fuerza aérea expedicionaria consistía en 6 cazas P-38,8 B-25, y varios Douglas, de transporte, pues la tropa que comandaba Eufemio Fernández, el Batallón “Guiteras”, con más de 225 hombres, había sido entrenada como paracaidistas. Nunca pudieron cumplir su cometido, pues la oficina de la misma, ubicada en el hotel “Sevilla”, de La Habana, fue asaltada por el Ejército.

Mientras la Marina participaba activamente en los preparativos, el Ejército se mantenía receloso. El general Pérez Dámera expresó a la Embajada americana en La Habana, el 27 de julio, su preocupación por la concentración de revolucionarios cubanos en Oriente. El Jefe de Estado Mayor les advirtió que debían partir de inmediato o desbandar las tropas. Numerosos incidentes tuvieron lugar entre los expedicionarios y tropas del Ejército, entre ellos, la detención de hombres y vehículos en Cueto, lo que provocó una reunión entre Masferrer, representantes del Gobierno, enviados personales de Grau y altos mando militares. En un cuarto del hotel “Comercio”, Garcerán, un oficial de la Marina, miembro de la Guardia Presidencial, expresó que el Presidente ordenaba “no poner obstáculos a los preparativos”. El traslado definitivo a Confites se hizo, bajo la supervisión del Comandante Jorge Agostini, Jefe del Servicio Secreto de Palacio, desde un embarcadero en la finca “La Chiva”, propiedad de Rafael López.

En medio de rumores crecientes, el nerviosismo del Embajador norteamericano y las denuncias y maniobras de las autoridades trujillistas, el 1 de agosto es ocupado por el Ejército, en el aeropuerto de Rancho Boyeros, un avión B-24, junto a dos Lockheed Vega Ventura, los que fueron puestos bajo custodia en Columbia. El 5 de agosto es asesinado en La Habana Alfonso L. Fors, agente trujillista, quien fuera Jefe de la Policía Judicial de Machado, y estuviera contratado en República Dominicana, para la organización de la Policía Secreta. La organización UIR, de Emilio Tro, reivindica el hecho.

El 11 de agosto, la Embajada norteamericana recibe copia de la deposición efectuada por 4 marineros de las islas británicas del Caribe, que fueron contratados para la expedición. SE confirma que los hombres están concentrados en Confites y que se disponen a zarpar. En Confites, en pésimas condiciones, se continúan los preparativos, bajo el escrutinio constante de los aviones 106, 107 y 108 del Ejército cubano, quienes comentan sus impresiones por la radio, pudiendo ser fácilmente escuchados por la inteligencia trujillista.

El 27 de agosto, por equivocación, un P-38 de los expedicionarios aterriza en Columbia y es apresado. Por gestiones personales de Manolo Castro, en Palacio, varios aviones retenidos son liberados y se trasladan al Mariel, bajo la custodia de la Marina. Pilotos y técnicos norteamericanos participan en los preparativos. Los suministros al Cayo se llevan por mar desde el Puerto de Nuevitas.

El 15 de septiembre el general Genovevo Pérez Dámera se encuentra de visita oficial en Estados Unidos, donde se afirma se entrevistó con el Embajador Despradel, recibiendo una jugosa oferta de dinero si impedía que la expedición de Cayo Confites se hiciese a la mar. Se ha llegado a fijar la cifra en 5 millones de pesos, cantidad considerable para la época, y aunque no existen evidencias, los hechos ulteriores parecen demostrar la sospecha. Ese mismo día, en el Reparto Orfila, de La Habana, tiene lugar una batalla campal de 9 horas entre elementos de UIR y del MSR, de la que resultan 9 muertos y numerosos heridos, entre los primeros, el comandante Emilio Tro. Ambos hechos, tanto el viaje de Pérez Dámera, como la “Masacre de Orfila”, aceleraron el fin de la expedición de Cayo Confites.

Entre el 16y el 22 de septiembre, el Ejército toma el control de la situación, en lo que puede considerarse un “golpe de estado técnico” contra el Gobierno de Grau, con la anuencia declarada del Gobierno norteamericano, y probablemente, cumpliendo sus órdenes: Mario Salabarria es detenido y el Estado Mayor del MSR, ocupado. El 20 de septiembre se ocupan 13 camiones de armamento en la finca de Alemán. Al día siguiente, se ocupan las oficinas del hotel “Sevilla”. El 22 de septiembre dos importantes generales del Ejército, Querejeta y Ruperto Pérez, conferencian con el Presidente, en presencia de Alemán. Ese mismo día, los expedicionarios comienzan a evacuar el Cayo.

El 24 de septiembre, en rueda de prensa ofrecida por Grau con la presencia del general Pérez Dámera y el Comodoro Águila, se niegan rumores de ruptura dentro de las Fuerzas Armadas, y se declara que en “Cayo Confites no ocurre nada anormal”. Los expedicionarios comienzan a ser cazados por mar y tierra, sometiéndolos a prisión. Ese mismo día, se frustra, en el último minuto, un intento suicida de bombardear Ciudad Trujillo con pilotos cubanos. Un grupo de expedicionarios, a bordo de dos lanchas de desembarco, son capturados cuando se dirigían a Haití para intentar penetrar a República dominicana, por la frontera.

El 29 de septiembre, Manolo Castro es arrestado en Miami por “tráfico de armas”. El 1 de octubre, el grueso de los expedicionarios, entre ellos el general Juancito Rodríguez, son internados detenidos en Columbia. Ese mismo día, el Senador Eduardo Chibas denuncia que “Grau ha traicionado la causa de la libertad dominicana”. El 4 de octubre todos los detenidos son liberados por orden judicial, mientras Juancito Rodríguez asume la responsabilidad total de lo sucedido, liberando, de paso, al Gobierno cubano de cualquier reclamación.

El informe de inteligencia final del Embajador Henry Norweb a la Secretaría de Estado sobre el intento de Cayo Confites, fechado el 17 de octubre de 1947, contiene un extenso listado de los participantes, datos del armamento adquirido y de las responsabilidades de las partes involucradas. Es sumamente interesante la manera en que describe las motivaciones de los cubanos:

“La motivación de los cubanos siempre estará del bando de los idealismos quijotescos, del fetiche de la Revolución y del odio a Trujillo, pero la participación de hombres como Alemán, Masferrer y Salabarría, solo puede ser explicada en términos burdamente egoístas. Algunos buscaban propiedades, otros ser nombrados al frente de la Aduana dominicana, o Ministro de Finanzas. En Confites, se afirma, se encontraban no menos de 12 personas que aspiraban a ser el próximo Presidente dominicano… Mientras los planes para derrocar a Trujillo avanzaban, los caballeros de brillantes armaduras fueron siendo derribados de sus cabalgaduras por el tipo de bucanero que siempre abunda entre los hispanos”

Por último, un lúcido Embajador Norweb, aprovechaba para alertar que “…la amenaza de nuevas invasiones a República Dominicana no ha desaparecido. Tanto tiempo como Trujillo continúe en el poder, los exiliados mantendrán encendida la antorcha de la esperanza… Aunque el gobierno de Grau se acerca a su fin, los planes conspirativos continúan… El dinero necesario para ellos siempre aparecerá. El telón aún no ha caído para este show”.

FINAL

La expedición de Cayo Confites reunió por unas semanas, en un pequeño pedazo de terreno emergente del mar, a un puñado de los actores principales de la Historia latinoamericana más reciente. No se concretó en un desembarco, y mucho menos en el derrocamiento de la dictadura trujillista, pero sirvió para unir y definir las vidas de personajes como Fidel Castro, Rolando Masferrer, Jiménez Grullón, Juan Bosch, Juancito Rodríguez, Pedro Mir, Genovevo Pérez Dámera, Manolo Castro, Ramón Grau San Martín, Josè Manuel Alemán, y más allá, la de Juan José Arévalo, Pépe Figueres y Rómulo Betancourt, entre otros.

La sombra de Confites gravitaría en las relaciones Cuba- República Dominicana muchos años después de cerrado el incidente, conformando lo que se denominó “La Crisis del Caribe”, llegando hasta la Comisión Interamericana de Paz, de la OEA, provocando un alud de reclamaciones, réplicas y contrarréplicas que abarcaron el gobierno de Carlos Prio Socarras, y que perfilarían también las relaciones estrechas que Trujillo establecería con Batista, una vez consumado el golpe de estado del 10 de marzo de 1952.

Todavía en 1950 se mantenía el contencioso alrededor de la reclamación dominicana para la devolución del yate “Angelita, tomado en alta mar por los expedicionarios y rebautizado como “La Niña”. Ello tendría lugar en julio de se mismo año, tras ser sometida la nave a una rigurosa reparación en los astillero de la Marina de Guerra Cubana. Así, paso a paso, se fueron acercando ambos gobiernos, hasta terminar fundidos en el abrazo represivo que los vinculó hasta la caída del gobierno de Batista. No fue casual que bajo el ojo amoroso de sucesivos gobiernos norteamericanos, empeñados entonces en la Guerra Fría contra la URSS, y deseosos de tener un traspatio seguro en El Caribe, se fue llegando a un acuerdo definitivo y a una activa colaboración contra tentativas, como la de Cayo Confites.

Trujillo juzgó “en contumacia” a los “conjurados de Cayo Confites”, concluyendo con el fallo de la sentencia criminal número 85, del 30 de enero de 1948, de la Segunda Cámara de lo Penal del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Judicial de Santo Domingo. El destino de los “confiteros”, como se les denominaba en la jerga de los órganos represivos trujillistas, fue variado: algunos terminaron actuando contra sus propios pueblos y al servicio de las dictaduras que quisieron un día combatir, pero la mayoría se mantuvo firme, y continuó la lucha, que tendría otros hitos en el desembarco de Luperón, en 1949, y en el del 14 de junio de 1959, que tuvo lugar por Constanza, Maimón y Estero Hondo.

El desembarco que si se produjo por aquellos años fue en sentido inverso, cuando Batista organizó una pomposa toma de posesión presidencial en 1955, para lavar el rostro golpista de su régimen. La delegación dominicana, presidida por Joaquín Balaguer, fue la más numerosa y la de más alto nivel. Trujillo pudo, al fin, respirar un poco aliviado teniendo su flanco cubano asegurado.

Cuando en 1956 se tensaron un poco las relaciones bilaterales, y se acusó al general Francisco Tabernilla, Jefe del Ejército cubano, de estar fomentando otro desembarco como el de Confites, el Embajador de Batista en Santo Domingo se apresuró a asegurar al Canciller Herrera Báez, en carta del 14 de febrero, que “…Batista jamás permitirá en Cuba ninguna acción contra Trujillo”.

De esta manera, Confites quedaba temporalmente clausurado. Habrá que esperar la huida de Batista y el triunfo de la Revolución del 1 de enero de 1959 para que de nuevo su ejemplo volviese a escena.

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