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BARACK OBAMA VS DONALD TRUMP

BARACK OBAMA VS DONALD TRUMP

“El presidente Trump debería ocuparse más de sus propios problemas y casos que lo cuestionan: La investigación del caso Trump-Rusia; el caso que lo tiene atenazado entre James Comey y el fiscal Mueller, en el escándalo de sus intentos por obstruir la justicia y aceptar dinero de gobiernos extranjeros.” Miguel Mejía, secretario general.

Santo Domingo, R.D.- Haciendo uso de su característico discurso hostil, el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump anunció el pasado viernes 16, desde un teatro de Miami, la política de su administración hacia Cuba, la cual revierte los avances alcanzados, después que el presidente Raúl Castro y Barack Obama anunciaran el 17 de diciembre de 2014 la decisión de restablecer  las relaciones diplomáticas e iniciar un proceso gradual hacia la normalización de estas relaciones bilaterales.

Con esa medida administrativa, adoptada por el presidente Trump contra la Revolución cubana, mucha gente en el mundo piensa que se está reactivando la inmemorable época de la llamada guerra fría. Sin embargo, nuestra Dirección Política ha venido analizando estas acciones que se implementan acompañadas de grandes acciones mediáticas y ovacionadas por el exilio cubano radicado en La Florida, y concluimos en que no son más que una muestra de debilidad del régimen Trump, que procura utilizar este tipo de acciones como una cortina de humo para distraer la atención del mundo frente a los grandes cuestionamientos que pesan sobre él, por parte de instituciones del propio Estado norteamericano, por agencias de inteligencia, por estamentos de la justicia y por uno de los Poderes del Estado norteamericano, como es el Congreso.

El presidente Trump debería ocuparse más de sus propios problemas y casos que lo cuestionan: La investigación del caso Trump-Rusia; el caso que lo tiene atenazado entre James Comey y el fiscal Mueller, en el escándalo de sus intentos por obstruir la justicia y aceptar dinero de gobiernos extranjeros.

Su acción hacia Cuba es una medida dirigida en lo fundamental a satisfacer, por un lado, su precario mercado electoral; hay que recordar que el presidente Trump, aunque ganó las elecciones, su principal contendor, la ex candidata del Partido Demócrata, Hilary Clinton, obtuvo más de tres millones de votos que Trump, quien se impuso por el sistema electoral que rige en esa sociedad.

Nadie en el mundo cuestionó su triunfo ni el sistema electoral que rige en la nación norteamericana. Eso se llama respeto a la autodeterminación de los pueblos, contrario a la práctica del presidente Trump, que en el poco tiempo de su ejercicio gubernamental tiene un amplio average de injerencia en los asuntos internos de otras naciones, incluyendo algunas que han sido aliados tradicionales de los Estados Unidos y que en la actualidad, por ese estilo prepotente, hegemónico, ofensivo, las relaciones se han vuelto en crisis; solo hay que tomar, como ejemplo, las recientes declaraciones de la canciller de Alemania, Ángela Merkel, cuando de manera enfática y firme ha marcado distancia de la administración Trump.

En ese  mismo orden, del Continente europeo, los Estados Unidos han ido perdiendo liderazgo, especialmente la administración Trump, acentuándose más las diferencias con el reciente retiro del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, medida con la que no ha encontrado respaldo siquiera en la propia sociedad norteamericana.

Pocos presidentes norteamericanos han suscitado un rechazo mayoritario de su pueblo, y del resto del mundo, en tan corto tiempo. Presidentes norteamericanos mucho más inteligentes y aptos que Trump, como Kennedy, Carter, Clinton u Obama, intentaron, cada uno a su manera, bajar las tensiones con Cuba. Lo de Trump es todo lo contrario, después que el mundo saludó con beneplácito la decisión de Obama.

Con estas acciones, la administración Trump, más que sintonizarse con los signos de los nuevos tiempos, lo que procura es desconocer todas las iniciativas tomadas por el presidente Barack Obama, como es su política anti migrante, el desmantelamiento del Obamacare, el proceso para unas nuevas relaciones con la República de Cuba, que incluyó una visita histórica a La Habana e ir creando un espacio de diálogo a favor de dicho proceso de acercamiento, en un contexto distinto, ajustado a los nuevos tiempos.

Mientras el presidente Obama logró avances importantes en las relaciones bilaterales con Cuba, el presidente Trump se retrotrae a los viejos métodos de la guerra fría, pretendiendo reanudar la vieja política del garrote, con lo cual pierde el sentido de la historia y olvida que si un bloqueo de más de cinco décadas no arrojó ningún beneficio político, geopolítico, económico, en circunstancias más difíciles en el campo internacional, menos lo va a lograr ahora.

No habrá paz en el mundo si no se respeta la autodeterminación de los pueblos. Y Cuba se dio su autodeterminación. Corresponde a los cubanos, dentro del marco de soberanía plena, decidir su destino; no corresponde a ninguna nación ni gobierno, por poderosos que sean, económica o militarmente, trazarle pautas y mucho menos inmiscuirse en los asuntos internos de un país que tiene un Estado, un pueblo, un gobierno y que se rige por sus normas de Constitución y sus leyes-

Trump se equivoca al desconocer la historia de Cuba; desde el Apóstol José Martí hasta Fidel, encontramos que Cuba es un país valiente, firme, con dignidad y principios éticos, morales, políticos e ideológicos.

Su medida administrativa está plagada de incoherencia; lo único que pone de manifiesto es las profundas contradicciones del bipartidismo tradicional de los Estados Unidos de Norteamérica, entre el Partido Demócrata y el Partido Republicano.

Nuestro partido reafirma nuestra amistad incondicional y solidaridad con el pueblo cubano, con el Partido Comunista de Cuba-PCC-, con el Estado cubano y sus instituciones.

 

Junio 19, de 2017.

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